26.9.06

Los amantes piratas

El pirateo tecnológico no es cosa sólo de ahora, se puede comprobar con esta historia que ocurrió alrededor de 1876 en Nueva York.

Emma Crapwill, una bella florista de 18 años estaba desesperada, las circunstancias le impedían estar al lado de su amado Honorato Flaviec.
Aprovechando que las dos viviendas de los amantes estaban en la misma manzana, Emma convenció a Honorato para que instalase una línea telegráfica que uniera los dos hogares.
El joven se puso manos a la obra preparando meticulosamente el plan y adquiriendo todo el material necesario para la instalación de la línea.
Tras dos largas noches de clandestinas subidas al tejado, la línea telegráfica se puso en funcionamiento siendo ésta cómplice de los apasionados mensajes de los dos jóvenes.
Pero las idas y venidas por el tejado fueron observadas por John Butter, empleado del Observatorio y vecino de la buhardilla de Honorato.

A los diez días de intercambios de mensajes, John logró hacerse el encontradizo con Emma y le dijo:
"- ¡Qué admirablemente manejais el aparato de aguja Weatstone! Os envidiaría el mejor telegrafista de la Compañia Universal Telegráfica.
- Sin duda juzgais con entero conocimiento de causa-replicó Emma.
- Juzgo por hechos, por pruebas evidentes.
- ¿Presenciais acaso, mis operaciones telegráficas?.
- Debe ser así.
- ¿Y de qué os valeis?-dijo Emma creyendo ya adivinar lo que acontecía.
- El medio es bien sencillo. Ni aún tiene el mérito de la originalidad, porque ésta os pertenece por completo.
- Voy comprendiendo, -añadió la joven- sois muy sagaz, pero deseo y si es preciso exijo que me digais cuáles son vuestros propósitos.
- Nada absolutamente que pueda perjudicaros.
- Os digo que hableis, que os expliqueis.
- Debeis comprender-dijo John con cierto tono-que teniendo participación en vuestra misteriosa correspondencia, no es mucho que anhele tenerla también en vuestro amor...".
Emma, le volvió la espalda rápidamente y el despechado John, empezó a maquinar su venganza.

Ésta vino en forma de denuncia a las autoridades que acabó en juicio.
La sentencia del juicio fué la condena a Emma Crapwill y Honorato Flaviec a 50 dólares de multa a cada uno por el establecimiento y uso de un telégrafo sin permiso previo.
Y a John Butter a 100 dólares de multa, por ser cómplice y haber montado una estación intermedia en el telégrafo clandestino.

Actualización. Lula ha hecho un comentario que complementa mi punto de vista:
"Es "casi" como la historia del mundo:

La mujer incitó al hombre a comer la fruta prohibida de la tecnología con copyright. Pero la serpiente envidiosa también quiso participar y entrar en el juego. Como le salió mal la jugada, el ofidio se chivó al dios de la tecnología. Sin embargo, le fallaron los cálculos al delatarse a si mismo como comedor del fruto del copyright.

Desde entonces el dios de la Tecnología castiga a todos los que comen de su fruto sin pasar por caja, incluso a los delatores.

El malo se revolverá en su tumba al ver que la mujer no solo maneja el telégrafo con soltura sino que es la promotora de la primera red privada de telecomunicaciones y el bueno sonreirá desde el cielo al ver a esta pizpireta florista (seguro que tuvo que ver algo con lo del delator castigado)"


Fuente: : Revista de Telégrafos, nº 16 1º de Abril de 1877, págs. 13 a 15. en el Foro Histórico del COIT.
Más sobre la mujer como telegrafista en este artículo de Lula.

5 comentarios:

Marcos dijo...

Ja, ja, ja. El vecino cotilla encontró lo que se merecía :D

A veces pienso... cómo hacía antes de que existiese la mensajería instantánea, y ahora las llamadas telefónicas en tarifa plana. La telecomunicaciones han hecho mucho por nosotros.

Oratio dijo...

Maravilloso.

Y en el caso de que lo haya sido, gran trabajo de investigacion.

Muxfin dijo...

marcos, no soy un experto, pero hacían servir a sirvientes de confianza para enviar los mensajes, y supongo que también era una de las funciones de las celestinas.
Oratio, gracias, pero simplemente me he limitado a aderezar la historia de la Revista de Telégrafos de la referencia.

Anónimo dijo...

Como siempre impresionante y original, ¡que maña te das para encontrar estas cosas!.

Es "casi" como la historia del mundo:

La mujer incitó al hombre a comer la fruta prohibida de la tecnología con copyright. Pero la serpiente envidiosa también quiso participar y entrar en el juego. Como le salió mal la jugada, el ofidio se chivó al dios de la tecnología. Sin embargo, le fallaron los cálculos al delatarse a si mismo como comedor del fruto del copyright.

Desde entonces el dios de la Tecnología castiga a todos los que comen de su fruto sin pasar por caja, incluso a los delatores.

El malo se revolverá en su tumba al ver que la mujer no solo maneja el telégrafo con soltura sino que es la promotora de la primera red privada de telecomunicaciones y el bueno sonreirá desde el cielo al ver a esta pizpireta florista (seguro que tuvo que ver algo con lo del delator castigado)

Muxfin dijo...

Lula, me has dejado sin palabras, por lo que coloco las tuyas en el cuerpo del post.